Hay algo que me llamó la atención hace un tiempo
cuando pensé en cómo mi hija aprendió a contar en español.
Nadie le enseñó "la lección de los números".
Los números simplemente aparecieron en su vida — contando escalones al subir,
galletas al merendar, días para el cumpleaños de su primo. Los números tenían
significado porque estaban dentro de situaciones reales. Se los quedó sin darse
cuenta.
Cuando intenté enseñarle los números en inglés, hice
exactamente lo contrario. Saqué las tarjetas. One, two, three. La senté frente
a mí. Le pedí que repitiera. Lo practicamos varias veces. Y pasó lo que siempre
pasa con las tarjetas — funcionó un rato y luego se esfumó.














